
Demonschool: Ojalá mis clases hubieran sido así de geniales (y terroríficas)
¿Alguna vez has mirado tu viejo anuario del instituto y has pensado: «Vaya, qué tiempos… aunque un poco más de caos demoníaco no le habría venido mal»? No, ¿solo yo? Bueno, pues si alguna vez has fantaseado con mezclar los dramas de pasillo con batallas tácticas contra engendros del infierno, bienvenido al club y toma asiento, porque Demonschool es el juego que no sabías que necesitabas.
Cuando vi por primera vez este juego, algo hizo clic. No era solo otro RPG táctico; tenía un algo especial. Una estética que gritaba «película de terror italiana de los 80» y la promesa de combates por turnos donde planificar tus movimientos es tan crucial como decidir con quién te sientas en la cafetería. Y vaya si cumple.
Jugabilidad: Ajedrez con Demonios y Problemas Adolescentes
Imagina que Persona y XCOM tienen un hijo rebelde que escucha mucho a The Cure. Eso, a grandes rasgos, es Demonschool. El núcleo del juego es un sistema de combate táctico por turnos que parece simple a primera vista, pero que esconde una profundidad endiablada (nunca mejor dicho).
Aquí no avanzas por una cuadrícula como un robot. En cada turno, planeas los movimientos de tu equipo. Por ejemplo, seleccionas a Faye, la protagonista, y trazas una línea hacia un enemigo. Al ejecutar el plan, ella corre y ataca. ¿Lo divertido? Puedes encadenar acciones. Si tu ataque empuja a un demonio contra una pared, ¡daño extra! Si lo empuja hacia otro de tus personajes, este le dará un «golpe de cortesía» totalmente gratis.
Esto convierte cada batalla en un puzle. No se trata solo de pegar más fuerte, sino de pensar: «¿Cómo puedo posicionar a mi equipo para crear un efecto dominó de palizas demoníacas?». Recuerdo una pelea en la biblioteca (¡un clásico!) donde logré que mi personaje más tanque empujara a un bicho gigante contra una estantería, lo que a su vez hizo que otro demonio tropezara y cayera justo a los pies de mi hechicero para recibir el golpe de gracia. Fue como ver una coreografía de destrucción perfectamente ejecutada. ¡Una sensación gloriosa!
Un Estilo que Enamora y Atemoriza a Partes Iguales
Visualmente, Demonschool es una auténtica pasada. Los desarrolladores han logrado un estilo 2D con personajes que parecen sprites, pero que se mueven en entornos 3D, creando un efecto visual único y muy nostálgico. Es como si un juego perdido de la primera PlayStation hubiera sido remasterizado por un director de cine de autor obsesionado con el Giallo.
La paleta de colores, llena de rojos profundos, azules eléctricos y sombras ominosas, crea una atmósfera que te atrapa. Cada rincón de la isla donde se desarrolla el juego se siente vivo y, a la vez, perpetuamente espeluznante. Pero son los pequeños detalles los que me conquistaron: el reflejo de las luces de neón en los charcos, la forma en que los personajes se estremecen ligeramente cuando algo siniestro está cerca, o la banda sonora, una mezcla de sintetizadores retro y melodías melancólicas que se te mete en la cabeza y no te suelta. Es el tipo de música que pondrías para estudiar… si estudiaras grimorios prohibidos a medianoche.

Amigos, Misterios y Demonios (Sin Spoilers, lo prometo)
La historia sigue a Faye, la última de una estirpe de cazadores de demonios, que llega a una universidad bastante peculiar situada en una isla con un «pequeño» problema de portales infernales. Junto a sus nuevos amigos —un grupo de inadaptados tan carismáticos como letales—, tendrá que compaginar los exámenes y las relaciones sociales con su «trabajo de fin de semana»: cerrar las puertas al infierno.
No te voy a contar más, porque descubrir los secretos de la isla y los lazos que unes con tus compañeros es el corazón de la experiencia. Solo diré que los personajes son mucho más que arquetipos. Tienen sus miedos, sus sueños y sus propios dramas, y llegar a conocerlos es tan gratificante como ganar la batalla más difícil. Hay algo en el aire, un misterio que conecta el pasado de la isla con el futuro de Faye, y el juego te lo insinúa de una forma que te mantiene pegado a la pantalla.
Veredicto Final: ¿Deberías Matricularte en Demonschool?
Demonschool no es un juego perfecto. A veces, la planificación de los movimientos puede ser un poco quisquillosa, y si no te gustan los juegos tácticos que te obligan a pensar cada paso, puede que te sientas abrumado. Pero esto no es un fallo del juego; es su identidad. No es «malo», simplemente sabe a lo que juega y lo hace con una confianza y un estilo arrolladores.
Para mí, ha sido una de las sorpresas más gratas del año. Es un juego con alma, hecho con un cariño que se nota en cada píxel y en cada nota musical. Es desafiante, es estiloso y, sobre todo, es increíblemente divertido.

En resumen: si te gustan los RPG tácticos, las historias de misterio con un toque sobrenatural y una estética que derrocha personalidad, no lo dudes ni un segundo. Dale una oportunidad a Demonschool. Puede que acabes como yo, deseando que tu vida estudiantil hubiera tenido un poquito más de… bueno, ya sabes.
¿Y tú? ¿Te animas a enfrentarte a los demonios o prefieres quedarte en la biblioteca estudiando para los finales (los de verdad)? ¡Déjame tu opinión en los comentarios!
